
Pocos visitantes imaginan que, siglos antes de convertirse en la capital cristiana que hoy admiramos, Sevilla fue una de las joyas del imperio almohade, una de las dinastías más influyentes del mundo islámico medieval.
En el siglo XII, los almohades eligieron Sevilla como capital de al-Ándalus. Durante su dominio, transformaron la ciudad en una urbe vibrante, amurallada, con infraestructuras avanzadas, jardines, palacios, mezquitas y una arquitectura que aún hoy asoma entre las calles del centro histórico.
Este periodo dejó una huella profunda: desde monumentos emblemáticos como la Giralda hasta tramos olvidados de la muralla o los antiguos baños árabes. En Sevilla Walks te invitamos a conocer el pasado almohade de Sevilla a través de este artículo.
La Giralda: del alminar a símbolo eterno de Sevilla
Hoy, sin duda, es uno de los iconos más fotografiados de la ciudad, pero la Giralda no nació como campanario, sino como el alminar de la antigua mezquita mayor de Sevilla.
Construida entre 1184 y 1198, su diseño está inspirado en la Koutoubia de Marrakech, y fue una de las torres más altas del mundo en su época. Su estructura interna es única: no tiene escaleras, sino rampas, para que el almuédano pudiera subir a caballo a llamar a la oración.
Con la reconquista cristiana, la mezquita fue demolida para construir la actual Catedral, pero la Giralda se conservó y se adaptó. El campanario y el Giraldillo son añadidos renacentistas, coronando una obra que mezcla dos mundos: el islámico y el cristiano.

Curiosidad que conocerás en nuestra visita guiada: podrás ver los materiales originales almohades, técnicas constructivas propias de al-Ándalus y sentir cómo subía el almuédano a dar la llamada a la oración cinco veces al día.
Tesoros escondidos del periodo almohade
Más allá de la Giralda, hay numerosos restos —muchos de ellos escondidos a simple vista— que nos hablan del esplendor almohade:
Muralla almohade
Sevilla llegó a estar rodeada por más de siete kilómetros de muralla. Hoy todavía se conservan tramos en zonas como la Macarena o junto a los Jardines del Valle. Su función era defensiva, pero también marcaban el carácter sagrado y político de la ciudad.

Torre del Oro
Su construcción data del periodo almohade, concretamente entre 1220 y 1221, bajo el gobierno del califa Abu l-Ulà. Su nombre, aunque envuelto en leyendas, se atribuye a los reflejos dorados que proyectaba sobre el Guadalquivir, probablemente por el revestimiento original de cal, mortero y paja prensada, que le daba un aspecto brillante bajo el sol.
Pero más allá del nombre y el mito, la Torre del Oro fue una pieza clave del sistema defensivo almohade de la ciudad. Se situaba estratégicamente al borde del río para proteger el acceso fluvial a Sevilla, en una época en la que el Guadalquivir era una arteria vital para el comercio y el abastecimiento.
Desde la Torre del Oro se tendía una gran cadena de hierro que cruzaba el río hasta la otra orilla, donde existía una torre gemela hoy desaparecida. Esta cadena servía para bloquear la entrada de embarcaciones enemigas. Este sistema defensivo se utilizó activamente hasta la toma de la ciudad por Fernando III en 1248.
El diseño original almohade de la torre presenta una estructura dodecagonal (12 lados), muy característica de la arquitectura militar islámica de la época. En los siglos posteriores se añadieron dos cuerpos más: uno cilíndrico (siglo XVIII) y el remate superior, ya de época cristiana, que le da su forma actual.
Hoy en día, aún se pueden observar elementos del periodo almohade en su base y estructura original:
- El primer cuerpo de la torre, de planta dodecagonal, es íntegramente almohade.
- Los materiales usados (argamasa, cal y ladrillo) siguen las técnicas constructivas de al-Ándalus.
- Su posición en el sistema de murallas y su conexión con la muralla fluvial revela la lógica defensiva almohade.
Además, en el interior, el actual Museo Naval de Sevilla ofrece una pequeña sección dedicada a la historia islámica de la ciudad y la torre, lo que permite contextualizar aún más su importancia durante ese periodo.
Baños árabes
Aunque no quedan muchos en pie, hay documentación y restos arqueológicos que confirman la existencia de hammams (baños públicos), esenciales en la vida social y religiosa musulmana. Uno de los mejores conservados son los baños de la Reina Mora, aunque algo modificados te transportaran la época almohade. También algunos restos pueden verse en el Antiquarium de las Setas o integrados en bares o restaurante modernos.
Sistema hidráulico
Uno de los grandes logros de la Sevilla almohade fue su avanzado sistema hidráulico, heredero del conocimiento romano y perfeccionado por los ingenieros de al-Ándalus. En una ciudad densamente poblada y con veranos extremadamente calurosos, el control del agua era una cuestión de supervivencia y poder.
Los almohades desarrollaron una compleja red de acequias, norias, aljibes y canalizaciones subterráneas que permitían abastecer de agua potable a la población, regar huertas y jardines, alimentar fuentes públicas y garantizar la higiene urbana. Muchas de estas infraestructuras discurrían bajo la ciudad y aún hoy se conservan restos arqueológicos ocultos bajo calles y edificios del casco histórico.
Especialmente importante fue el uso de norias de gran tamaño situadas junto al Guadalquivir y otros cursos de agua como el río Guadaíra. Este sistema permitía distribuir el agua de forma eficiente incluso en épocas de sequía.
Este conocimiento hidráulico no desapareció con la conquista cristiana. Muy al contrario, fue aprovechado y adaptado en siglos posteriores, especialmente en el Real Alcázar, cuyos jardines siguen utilizando principios de riego heredados del mundo islámico: canales estrechos, estanques, surtidores y un uso del agua pensado tanto para la funcionalidad como para el disfrute sensorial.
Durante una visita guiada al Real Alcázar, es posible señalar puntos concretos donde el agua sigue el recorrido de antiguas canalizaciones, o explicar cómo el sonido del agua y su presencia constante formaban parte esencial de la vida cotidiana en la Sevilla almohade.
Curiosidades que solo un guía local puede contarte
Explorar la Sevilla almohade con un guía no es solo visitar monumentos: es escuchar historias, leyendas y secretos que no aparecen en ninguna guía turística.
Por ejemplo:
- La leyenda del tesoro escondido en la Torre del Oro, custodiado por siglos.
- Los restos del mihrab de la antigua mezquita que aún se conservan… si sabes dónde mirar.
- La simbología geométrica de la Giralda y cómo se diseñó para parecer siempre distinta según el ángulo.
Además, un guía puede mostrarte los lugares donde se encuentran aún incrustadas piedras originales del siglo XII, e incluso algunos edificios modernos que han integrado restos almohades en su arquitectura.
Vive la historia en primera persona con Sevilla Walks
Sumérgete en el legado oculto de la Sevilla musulmana con una visita guiada privada, diseñada exclusivamente para ti. Nuestros guías no solo te mostrarán los lugares más emblemáticos del periodo almohade, como la Giralda o la Torre del Oro, sino que te revelarán rincones poco conocidos, detalles arquitectónicos y curiosidades que solo se descubren caminando con un experto local.
Ya sea un paseo enfocado en la historia, la arquitectura o las leyendas del periodo islámico, adaptamos cada ruta a tus intereses y tiempos. Tú marcas el ritmo. Nosotros te llevamos al pasado.
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