
La Sevilla romana comenzó a desarrollarse especialmente a partir del siglo II a.C., cuando Roma consolidó su dominio sobre la península ibérica. Gracias al río Guadalquivir, la ciudad se convirtió rápidamente en un importante núcleo comercial conectado con el Mediterráneo y con otras ciudades de Hispania.
Aunque muchas veces la fama romana de la provincia se la lleva Itálica, la realidad es que Hispalis tenía un enorme valor estratégico y económico. Desde aquí salían productos agrícolas, aceite y mercancías que viajaban hacia Roma y otros puntos del imperio.
Muy cerca de la ciudad se encontraba además Itálica, una de las colonias romanas más importantes de Hispania y lugar de nacimiento de emperadores como Trajano y Adriano. De hecho, para comprender realmente el pasado romano de Sevilla, una visita a Itálica permite descubrir cómo vivían las élites romanas y cómo era la vida en una gran ciudad imperial.
En Sevilla Walks siempre explicamos que entender Sevilla significa comprender todas las culturas que han dejado huella en ella. Aunque hoy muchos visitantes identifican la ciudad principalmente con la Giralda, el Alcázar o su pasado barroco, gran parte de la historia de Sevilla comenzó precisamente durante la época romana. Bajo muchas calles del centro histórico todavía permanecen restos de aquella Hispalis que ayudó a convertir el sur de Hispania en uno de los territorios más importantes del Imperio Romano.
Tabla de Contenidos
Restos romanos que todavía pueden verse en Sevilla
Aunque la ciudad ha cambiado muchísimo a lo largo de los siglos, todavía existen rincones donde la Sevilla romana sigue apareciendo entre edificios medievales, plazas barrocas y calles llenas de vida.
Las columnas de la calle Mármoles
Uno de los lugares más curiosos es la calle Mármoles, donde todavía permanecen tres enormes columnas romanas de granito. Durante siglos se pensó que formaban parte de un antiguo templo romano, aunque todavía existen dudas sobre su función exacta.
Lo impresionante es imaginar cómo debió ser aquella construcción original. Las columnas que hoy vemos son solo una pequeña parte de un edificio mucho mayor que desapareció con el paso del tiempo. Además, originalmente existían más columnas, aunque algunas fueron trasladadas siglos después al Alcázar.
Es uno de esos lugares que muchos turistas pasan por alto sin saber que están delante de uno de los restos romanos más antiguos visibles de Sevilla.
El Antiquarium bajo Las Setas
Bajo el moderno Metropol Parasol, conocido popularmente como “Las Setas”, se encuentra uno de los espacios arqueológicos más interesantes de la ciudad: el Antiquarium.
Durante las obras aparecieron restos de casas romanas, mosaicos y antiguas calles pertenecientes a Hispalis. Hoy es posible recorrer pasarelas elevadas que permiten observar cómo era parte de la ciudad hace casi dos mil años.

Uno de los aspectos más llamativos del Antiquarium es precisamente ese contraste entre pasado y presente: encima encontramos una de las construcciones más modernas de Sevilla y, bajo ella, una ciudad romana prácticamente enterrada por la historia.
Restos romanos reutilizados en Sevilla
Algo muy habitual en Sevilla fue reutilizar materiales de épocas anteriores. Muchas piedras, columnas y restos romanos terminaron formando parte de edificios medievales y religiosos construidos siglos después.
Incluso en zonas cercanas a la Catedral y Giralda de Sevilla todavía pueden encontrarse huellas de aquella Hispalis romana integrada dentro de construcciones posteriores. Sevilla es una ciudad donde las distintas culturas no desaparecieron completamente, sino que muchas veces se superpusieron unas sobre otras.
Como ocurre en muchos edificios históricos de la ciudad, la Catedral también conserva elementos reutilizados de épocas anteriores. Uno de los detalles más curiosos son las llamadas 157 cadenas de la Catedral de Sevilla, que durante siglos rodearon parte del templo simbolizando el derecho de asilo y protección eclesiástica.

Además, existe una antigua leyenda que afirma que algunas de sus piezas de mármol podrían proceder de restos romanos reutilizados de Itálica cuando se levantó esta peculiar valla de cadenas hacia el 1565, algo muy habitual en distintas construcciones históricas de Sevilla. Aunque no existe una confirmación definitiva sobre ello, este tipo de historias ayudan a entender cómo el pasado romano de la ciudad siguió muy presente durante siglos.
Ese reaprovechamiento de columnas, piedras y estructuras antiguas es precisamente una de las razones por las que Sevilla resulta tan fascinante desde el punto de vista histórico: caminar por ella es recorrer distintas épocas superpuestas unas sobre otras.
La relación entre Itálica y Sevilla
Aunque hoy Itálica pertenece al municipio de Santiponce, en época romana ambas ciudades estaban profundamente conectadas. Mientras Hispalis crecía como uno de los grandes núcleos comerciales y portuarios del sur de Hispania gracias al río Guadalquivir, Itálica se convirtió en símbolo del poder romano en la región y residencia de importantes familias vinculadas al Imperio.
Fundada en el año 206 a.C. por Publio Cornelio Escipión tras la batalla de Ilipa, Itálica fue además la primera ciudad romana creada fuera de la península itálica. Con el paso del tiempo alcanzó un enorme prestigio, hasta el punto de convertirse en lugar de nacimiento de dos emperadores romanos: Trajano y Adriano. Pasear hoy por sus calles permite imaginar cómo era la vida cotidiana en una gran ciudad romana, rodeada de termas, mosaicos, domus y uno de los anfiteatros más grandes de todo el Imperio.
Las élites romanas se desplazaban constantemente entre Hispalis e Itálica, aprovechando la riqueza económica y estratégica de toda la zona. De hecho, muchas de las mercancías que llegaban al puerto de Sevilla estaban relacionadas con las explotaciones agrícolas y comerciales del entorno romano de Itálica.
Por eso, para quienes quieran comprender realmente el origen romano de Sevilla, recomendamos descubrir nuestra visita guiada a Itálica, una experiencia pensada para recorrer el yacimiento acompañado de un guía local oficial y entender cómo esta antigua ciudad llegó a convertirse en uno de los lugares más importantes de Hispania.

Caminar hoy por el anfiteatro de Itálica, sus calzadas y sus Domus adornadas ricamente con mosaicos y después perderse por el centro histórico de Sevilla permite entender algo fascinante: aunque muchas veces la ciudad se asocia únicamente con su pasado medieval, almohade o barroco, el legado romano sigue profundamente presente en la identidad de Sevilla.
Curiosidades de la Sevilla romana que muchos desconocen
Hay detalles de la antigua Hispalis que suelen sorprender mucho durante nuestras visitas guiadas. Por ejemplo, el río Guadalquivir llegaba antiguamente mucho más cerca del casco histórico actual, convirtiendo algunas zonas de Sevilla en un auténtico puerto interior.
También existieron termas, acueductos y grandes edificios públicos que hoy permanecen ocultos bajo la ciudad moderna. De hecho, cada vez que se realizan obras importantes en el centro histórico suelen aparecer restos arqueológicos romanos.
Otra curiosidad es que muchas calles estrechas del casco antiguo siguen aproximadamente el trazado urbanístico heredado de épocas anteriores. Sevilla ha cambiado muchísimo, pero parte de su estructura urbana todavía conserva ecos de aquella Hispalis romana.
Descubrir la Sevilla romana con un guía local
Entender la Sevilla romana no siempre es sencillo a simple vista. Muchos de sus restos permanecen ocultos o integrados dentro de edificios posteriores, por lo que recorrer la ciudad acompañado de un guía local permite descubrir detalles que normalmente pasan desapercibidos.
En Sevilla Walks realizamos tours privados que ayudan a comprender cómo la ciudad fue transformándose desde época romana hasta la actualidad, conectando lugares como Itálica, la Catedral, el casco histórico y algunos de los rincones donde todavía sobreviven huellas de Hispalis.
Porque Sevilla no es solo una ciudad monumental: es también una ciudad construida sobre siglos de historia que todavía siguen apareciendo bajo sus calles.








